sábado, 17 de octubre de 2009

Deseo

Me acerque a el, lo mire, lo seguí mirando. Nunca en mi vida había visto una cara como la suya, jamás había encontrado una sonrisa tan sincera. Tuve miedo, pero el misterio que me producía su mirada era mucho mas fuerte que cualquier sentimiento que pudiera alejarme de el. Fue tan difícil sobrellevar la contradicción de aquel, que por primera vez, puede percibir con todos sus sentidos al ser mas autentico y simple, un ser tan pequeño, frágil, y vulnerable, pero con la capacidad de lograr hasta en el mas cruel de los gigantes un mundo de los mas variados sentimientos. No quise detenerme, preferí que mi cuerpo reaccionara solo ante semejante acontecimiento. Mis piernas comenzaron a moverse solas, y mis brazos, como empujados por una fuerza mágica decidieron acercarse a la criatura. Supe en ese instante que mi cuerpo era mucho mas inteligente que yo, estaba convencido de querer aferrarse a ese otro cuerpo tan hermoso. Fue entonces cuando mi dedo índice tomo la iniciativa. Se separo de los demás como si quisiera salirse de mi mano, como si quisiera integrarse en el rostro del pequeño y dormirse ahí por siempre. Al tocarlo todo mi yo se estremeció. Creí que por un momento mi cerebro se había detenido y la sangre corría desesperada por mis venas como si quisiera salirse de mí.
No pude seguir en silencio, hable, pregunte: ¿De que lugar extraño saliste, como es que podes causar todo esto en mí?
Me miro desde abajo, tomándose de mi pierna, y dijo: vengo del mismo lugar que vos, lo único que cambió es el recuerdo.
¿Cómo el recuerdo? Volví a preguntar.
El recuerdo que vos olvidaste, y el que yo te vine a recordar.
En ese preciso momento pude comprender, que aquello que siempre había querido ser, reaparecía antes mis ojos de la manera más simple, y se convertía así en el deseo mas profundo que jamás podría volver a abandonar.

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